Epidemiología de las enfermedades cerebrovasculares de origen extracraneal
Basado en Rev Cubana Angiol Cir Vasc. vol.15 no.2 La Habana jul.-dic. 2014
INTRODUCCIÓN
Los
procesos vasculares ocasionan más morbilidad y mortalidad que
ninguna otra clase de enfermedades humanas y producen manifestaciones
clínicas a través de dos mecanismos: estrechamiento u obstrucción
completa de la luz vascular, que causa isquemia en los tejidos
irrigados por dicho vaso y debilidad de las paredes vasculares
seguida de dilatación o rotura.
La
base fisiopatológica de los procesos vasculares lo constituye la
ateroesclerosis. Ateroesclerosis, que significa literalmente
"endurecimiento de las arterias", se caracteriza por unas lesiones en
la íntima vascular llamadas ateromas o placas fibroadiposas que
sobresalen en la luz, debilitan la media subyacente y producen una serie
de complicaciones.
Una
de las formas de debut de la aterosclerosis es la enfermedad
cerebrovascular, una de las causas principales de invalidez,
morbilidad y mortalidad en los países desarrollados con el costo
económico y social que ello supone.
El
concepto de enfermedad cerebrovascular se refiere a todo trastorno
en el cual un área del encéfalo se afecta de forma transitoria o
permanente por una isquemia o hemorragia, estando uno o más vasos
sanguíneos cerebrales afectados por un proceso patológico.
En
los países occidentales la enfermedad cerebrovascular (ECV) es la
tercera causa de mortalidad tras las enfermedades cardiovasculares y
las neoplasias y corresponde aproximadamente a 10 % de los
fallecimientos.
Por
todo lo anterior, es objetivo de esta revisión actualizar los datos
epidemiológicos de las enfermedades cerebrovasculares, especialmente
las de origen extracraneal.
INFORMACIÓN
Se
ha demostrado a través de investigaciones que aproximadamente el 80 %
de todos los accidentes cerebrovasculares son de tipo isquémico y se
estima que el 40 % son provocados por la estenosis de la arteria
carótida extracraneal. La isquemia cerebral es la entidad más
incidente y prevalente de todas las enfermedades cerebrovasculares y
es la enfermedad neurológica que más discapacidad e
institucionalización origina. Su alta supervivencia no está aparejada
con una recuperación total, pues hasta el 90 % sufre secuelas que en
el 30 % de los casos incapacitan al individuo para su autonomía en
las actividades de la vida diaria, de ahí que se genera una demanda
de cuidados y una necesidad de institucionalización con un
considerable gasto sanitario y social.
Las
enfermedades cerebrovasculares son un problema de salud mundial,
constituyen la primera causa de discapacidad en el adulto y la
segunda causa de demencia.2 Según datos de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), 15 millones de personas sufren un ictus
cada año; entre ellas, 5,5 millones mueren (el 10 % de todas las
muertes producidas) y otros 5 millones quedan con alguna discapacidad
permanente.3 Por otra parte, se estima que de 38 millones de
días perdidos de vida saludable en 1990, se llegará a 61 millones en
el 2020.4 Cada año, en todo el mundo, más de 83 000 personas de 20 años o incluso menores padecen un accidente cerebrovascular.
El
ictus, una condición tradicionalmente asociada a la edad avanzada,
afecta cada vez más a los jóvenes y a las personas de mediana edad,
según el estudio sobre la carga global y regional del ictus
1990-2010, además, se prevé que el importe global de la discapacidad y
la enfermedad y la muerte prematura causada por un accidente
cerebrovascular se duplique en todo el mundo para el 2030.
A
nivel mundial se produce un aumento alarmante del 25 % en el número
de casos con ictus entre las personas de 20 a 64 años en los últimos
20 años y representa en este grupo el 31 % del número total de
accidentes cerebrovasculares, en comparación con el 25 % de antes de
1990, así, cada año se ven afectados más de 83 000 personas de 20
años y más. Sorprendentemente, el 0,5 % de todos los accidentes cerebrovasculares ocurren en este grupo de edad.
Un
estudio muestra que en el 2010, las tres quintas partes (61,5 %) de
la discapacidad y más de la mitad (51,7 %) de las vidas perdidas a un
accidente cerebrovascular son el resultado de accidentes
cerebrovasculares hemorrágicos (la forma más mortal, sobre todo
causada por la presión arterial alta y los estilos de vida poco
saludables), a pesar de ser tan común como los accidentes
cerebrovasculares isquémicos.
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